La Lista del Patrimonio Mundial: el riesgo de morir de éxito
Laura de Miguel Riera
PH Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, ISSN: 2340-7565, n. 107, 2022, p. 64-83
La Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (1972) es uno de los textos realizados por la Unesco más exitosos a nivel internacional, lo conforman alrededor de 194 países, pero es cierto que no ha estado exento de dificultades. La Lista del Patrimonio Mundial, ahora es un objetivo muy perseguido por diversos países debido al prestigio que proporciona y su creciente popularidad, el problema que aquí se plantea, es que paradójicamente, todo aquel patrimonio reconocido presenta fuertes desequilibrios en cuanto al tipo de bienes inscritos y en la distribución geográfica de los mismos, por ejemplo, Europa es de los continentes que más representación tienen en contraposición con África, por ello, en 1994, tras una reunión internacional de expertos, el Centro del Patrimonio Mundial lanzó la iniciativa Estrategia global para una Lista del Patrimonio Mundial representativa, equilibrada y creíble, cuyo objetivo era asegurar que la Lista representase la diversidad cultural y natural de los bienes de valor universal excepcional del planeta. Es cierto que, a pesar de este gran planteamiento, no se conseguía del todo cumplir con el objetivo acordado, para paliarlo, en el año 2000 el Comité decidió encargar un análisis de la composición de la Lista basándose en su distribución regional, cronológica, geográfica y temática, con el fin de identificar categorías subrepresentadas de patrimonio con potencial valor universal excepcional. Cuatro años más tarde, ICOMOS publica un estudio que actualmente sigue siendo una publicación de referencia: The World Heritage List: Filling the gaps: An action plan for the future, porque básicamente demuestra que no existe un método único por el cual se pueda analizar la Lista del Patrimonio Mundial de la manera más eficaz, sino que se deben combinar metodologías diferentes que, de manera conjunta, ayuden a reflejar la naturaleza evolutiva de la clasificación del patrimonio cultural. El equilibrio no debe ser alcanzado entre países o tipos de bienes, sino más bien mediante la representación en la Lista de un tipo particular de patrimonio de valor universal excepcional. La autora, finalmente reflexiona sobre la inclusión de los bienes patrimoniales actualmente en la Lista por los tiempos convulsos que estamos viviendo, si deberíamos plantearnos proponer un límite a la Lista del Patrimonio Mundial porque no sabemos si su crecimiento en el tiempo es sostenible, y desarrolla la complejidad de los diversos actores que conforman parte del Comité.
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