¿Cuál es la naturaleza del espacio museístico?

¿Cuál es la naturaleza del espacio museístico?
15 de Febrero de 2022

François Mairesse

RdM. Revista de Museología: Publicación científica al servicio de la comunidad museológica. ISSN 11-34-0576, n. 82, 2021, p. 21-30

Las funciones del museo han cambiado considerablemente a lo largo de las décadas. Se basó durante mucho tiempo en el principio de la colección, utilizada por un lado para la investigación y el desarrollo del conocimiento, y por otro lado para la comunicación y la discusión de la ciencia y el arte. La apertura del museo al público en general, así como su progresiva comercialización (su función turística y económica) han transformado en gran medida la naturaleza del espacio del museo.

Los debates en torno a la definición del museo, en Kioto en 2019, permiten comprender los cambios radicales que se han producido a este respecto en los últimos decenios, excluyendo en gran medida lo que durante mucho tiempo fue la esencia del museo. Esta transformación de significado no está exenta de consecuencias en la naturaleza del espacio museístico, pero también en la redefinición de los límites de la institución dentro del ámbito museístico. El museo no se ve solo como un lugar de exposición, sino como una tecnología compleja que integra la conservación y el estudio de las colecciones. Es importante la creación de “buenos edificios”, pero hasta los años 70 se impone la idea del conservador frente al arquitecto. Esto empezó a cambiar con la creación de Centro Pompidou (1977) y se ha ido agudizando con edificios como el Guggenheim de Bilbao o el Museo Judío de Berlín, en los que prevalece la imagen del edificio. Algunos especialistas han remarcado la importancia de las funciones de los museos y no solo ante el público. Son vitales almacenes, laboratorios, oficinas, etc., donde se realizan las funciones de conservación, investigación y comunicación. A partir de los años 80 el museo aparece menos como un sistema de comunicación que como un espacio de encuentro y de intercambio. Cada vez se busca más atraer al mayor número de visitantes posible y se vincula el museo con la calidad de vida y el desarrollo económico de una región, especialmente a través el turismo. Se trata de una “museología del paso” en la que el visitante deambula por el espacio como atracción turística. El museo no es ya un centro de conservación (algunos se abren sin colección), sino una marca de la ciudad que se articula alrededor de los espacios de circulación interior (desde las salas a la tienda) y se su relación con la ciudad que lo alberga. La tradicional dicotomía entre templo y foro se va decantando claramente hacia el segundo aspecto del museo, más democrático y más centrado en la interpretación que en el objeto en sí. Los fundamentos del museo, coleccionar, conservar, estudiar, interpretar y exponer, se ven sustituidos por valores basados en la participación, la colaboración, los derechos humanos, la inclusión, etc.

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