Los bibliotecarios de museos de arte en el cambio de siglo (1985-2020): experiencia, retos y perspectivas

Los bibliotecarios de museos de arte en el cambio de siglo (1985-2020): experiencia, retos y perspectivas
18 de Enero de 2021

Soledad Cánovas del Castillo Sánchez-Marcos

 

Clip del SEDIC, ISSN 2659-2983, n.82, 2020

Tradicionalmente la figura del bibliotecario de museos no ha sido especialmente reconocida en su justo  valor,  aunque  su  papel  siempre  ha sido  apreciado  por  quienes  han  requerido  de  su orientación   y   servicios.   El   vertiginoso   avance   tecnológico   de   los   últimos   años   ha   ido transformando el rol del bibliotecario y la visión que el público tiene de ellos: su misión ahora va más allá  de  proporcionar  información,  aportando  y  añadiendo  sus  conocimientos  de  forma decisiva en las investigaciones y convirtiéndose así en parte activa de las mismas.

Esta labor de colaboración  trasciende  al  espacio  físico  de  la  biblioteca,  pues  como  parte  integrante  de  los servicios de su institución, debe difundir sus fondos a través del repositorio digital institucional para  interoperar  con  los  contenidos  museales,  incrementando  su  visibilidad  y  fomentando  el interés de los usuarios potenciales. Los museos están desarrollando su presencia digita. El mercado de libros electrónicos de arte especializados está en vías de crecimiento, pero no está muy desarrollado, y a menudo no satisface las demandas de los conservadores de museos e investigadores. En los últimos años, las bibliotecas han ido incorporando en las webs de sus museos servicios de referencia  electrónica  y  herramientas  2.0  (redes  sociales,  blogs,  wikis,  microbloggings  y  marcadores sociales) en busca de visibilidad y accesibilidad. Estas herramientas mejoran la operativa de los servicios por su rapidez para interactuar, contribuyendo a la profesionalización del sector y permitiendo dar mayor alcance al contenido de la biblioteca, tanto a los visitantes del museo como a los investigadores externos. Ante  este  escenario,  el  bibliotecario  ha  tenido  que  incorporar  la  formación  tecnológica  a  la específica  profesional,  modificando  el  perfil  tradicional  de  su  cualificación.  A finales  de  2009  se  lanzó  el  catálogo  en  línea  de  la  Red  de  Bibliotecas  de  Museos  Estatales.  Su  objetivo  era  convertirse  en  el portal bibliográfico colectivo de referencia para la investigación de museos, arte, arqueología y etnología, con acceso a los fondos de dieciocho museos de titularidad estatal, a los que en 2011 se incorporaron el Museo  Nacional  del  Prado  y  el  Museo  Nacional  Centro  de  Arte  Reina  Sofía. En 2011 BIMUS organizó las Primeras Jornadas de Bibliotecas de Museos, volviendo a reunir a los profesionales del sector. El  foro  internacional  más  importante  de profesionales de  bibliotecas  de  arte  es  la Art  Libraries Section   (ALS)   de   la   IFLA. Agrupa  a  bibliotecas  de investigación  independientes,  bibliotecas  de  museos,  departamentos  de  arte  de  bibliotecas  nacionales, universitarias y públicas, agencias y departamentos gubernamentales. A lo largo del confinamiento, los museos y galerías compitieron para saltar a la escena virtual, inundando sus páginas de visitas guiadas, conferencias, seminarios, talleres y un sinfín  de  actividades  para  conseguir  una  audiencia a  gran  escala.  Las bibliotecas de museos tuvieron en general un comportamiento más pasivo, quizás por no disponer de  material  divulgativo  ya  elaborado. Durante los meses de aislamiento, las bibliotecas abordaron planes de reapertura, organización del personal,  procedimientos  en  el  manejo  de  materiales  y  adaptación  de  espacios. Para  que  la  biblioteca  participe  de  la  arquitectura  de  la  información,  los  museos  deben  tomar conciencia de su valor. Además de ser la “sala de máquinas” de la preparación de exposiciones temporales y otras actividades de contenido científico y didáctico, su fondo debe formar parte del plan estratégico del  museo  de  apertura  de repositorios  ocultos,  poniendo  su  contenido  al  servicio  de  la  comunidad especializada. La estrategia a seguir en los próximos años en las bibliotecas de museos deber ir encaminada  a  la  unión  de  sus  catálogos  en  línea  con  los  repositorios  digitales  de  sus instituciones. Los servicios emergentes de datos de investigación abiertos incrementan la visibilidad del museo, y la demanda de recursos electrónicos es cada vez mayor. En este entorno cambiante, los museos y sus bibliotecas  deberán  colaborar  con  otras  instituciones  para  asegurar  la  preservación  del  patrimonio artístico documental histórico del país. La preservación, que es el objetivo de las instituciones culturales, significa asegurar no solo la existencia de estos materiales históricos, sino también su acceso y difusión.

https://edicionsedic.es/clip/article/view/33

Resumen elaborado por Antonio Rodríguez Vela

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