El mito de Eros y Thánatos, presente en toda la tradición occidental, brota con fuerza en la obra de un apasionado por la cultura clásica como Mann: Muerte en Venecia es una danza de la muerte al ritmo del combate entre lo apolíneo y lo dionisíaco.
Venecia, la novia que cada año desposaba al mar en la Festa della Sensa, fue más que la primera etapa del grand tour para los viajeros del Norte: un centro de turismo sexual que reguló tempranamente la prostitución como mal menor respecto a otros pecados de la carne. Encarnada en la commedia dell’arte por el lúbrico Pantalón y plena de evocaciones escatológicas, en sus carnavales amor, sexo y muerte se confundían travestidos.