Cuando “una habitación propia” se queda pequeña, nace un club: el Lyceum Club Femenino

Page content

Cuando “una habitación propia” se queda pequeña, nace un club: el Lyceum Club Femenino
Algunas de las caricaturas de las damas del «Lyceum»
Algunas de las caricaturas de las damas del «Lyceum». La Esfera (Madrid. 1914), 2/04/1927

“Con el nombre de Lycévm Club Femenino se constituyó en Madrid, en abril de 1926, una Sociedad, con domicilio social en la calle de las Infantas, número 31, cuyos fines generales son:

a) Defender los intereses morales y materiales de la mujer, admitiendo, encauzando y desarrollando todas aquellas iniciativas y actividades de índole exclusivamente económica, benéfica, artística, científica y literaria que redunden en su beneficio.

b) Fomentar el espíritu colectivo, proporcionando a sus asociadas, en el local de la Sociedad, cuantas comodidades sean posibles para hacerles agradable su estancia en él, facilitando así el intercambio de ideas y la compenetración de sentimientos.

c) Organizar obras de carácter social y celebrar sesiones, conferencias, cursillos, concursos, excursiones y fiestas, privadas y públicas, dentro de los límites que marca el apartado a)."

Lyceum Club Femenino.  Reglamento. Madrid : [s.n.] (Ramona Velasco, imp.), 1929

Este año se cumplen 100 años de la constitución de este Lyceum Club, cuya declaración de intenciones puede que a ustedes les parezca bastante inofensiva, desde luego muy poco subversiva, pero no fue así en 1926. 

Veamos lo que publicó la prensa sobre las socias del club:

“La sociedad haría muy bien incluyéndolas como locas o criminales, en lugar de permitirles clamar en el club contra las leyes humanas y las divinas. El ambiente moral de la calle y de la familia ganaría mucho con la hospitalización y confinamiento de esas excéntricas y desequilibradas.”

Son palabras vertidas por la revista Iris de paz, órgano oficial de la Archicofradía del Inmaculado Corazón de María, comité ejecutivo de la Obra de la Buena Prensa, firmadas por un clérigo bajo el seudónimo de Lorven.

También las acusaron de fumar “cigarrillos egipcios”, vicio intolerable a todas luces. Solo el hecho de fumar era considerado impropio de mujeres respetables, pero que se tratara de ese tipo de cigarrillos reforzaba una imagen de modernidad, cosmopolitismo y exotismo insoportable para muchos sectores de la sociedad de la época.

Aunque también algunas mujeres que presuntamente estarían dispuestas a fumar cigarrillos egipcios criticaron la iniciativa del club por diversos motivos: Carmen de Burgos, Margarita Nelken y Teresa de Escoriaza. Esta última se posicionaba justo en el otro extremo de Iris de paz y consideraba que se trataba de una iniciativa elitista, con un horario escaso para atender las necesidades de las mujeres trabajadoras, además de no gustarle que el club no fuera mixto.

Permitir o no la entrada a los hombres como socios fue motivo de intensos debates dentro del club. Tal y como nos cuenta Carmen Gallardo, esposa del poeta Enrique de Mesa en un reportaje publicado en la revista La Estampa, en 1926, cuando se gestaba lo que ella misma denomina “casino”, hubo dos tendencias: “la de un club exclusivamente de señoras y la de una agrupación de carácter mixto”. Y a la pregunta del periodista de quiénes defendían cada uno de los criterios responde: “Yo, Victoria Kent y la de Araquistain [Gertrudis Graa] éramos partidarias de la intervención de los hombres. María Martos de Baeza, en unión de otras, aconsejaba la exclusión del elemento masculino”. “Y finalmente…” le repregunta el periodista, “se acordó que ustedes solo pudieran estar en el salón de té y asistir a las conferencias.”

Según nos cuenta Magda Donato en un artículo publicado en el Heraldo de Madrid, estas mujeres sentían la necesidad de tener un espacio propio porque no eran admitidas en los círculos masculinos. Isabel Oyarzábal explica en un reportaje para La Esferaqueríamos tener una casa donde poder reunirnos y traer a nuestras amigas, señoras extranjeras. Al llegar a España se lamentaban ellas, y nosotras, de no tener un club como lo tienen las mujeres en París, Londres, Berlín, Roma y Amsterdam. ¡Solo en Suiza hay más de siete! Esto que parecerá una novedad inquietante en España, es una cosa vieja en Europa”. Más lacónica se mostraba Pilar Bolívar, el club se funda “porque nos hacía falta.”

De acuerdo, hasta ahora sabemos que en 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera, un grupo de mujeres valientes, feministas, políglotas y que viajaban sin maridos, tienen la necesidad de crear un espacio seguro donde poder reunirse para: a) luchar por sus derechos, b) fomentar la sororidad y c) crear una espacio para el desarrollo educativo, cultural, artístico y social de las mujeres, según se desprende del reglamento de 1929.

También sabemos que se enfrentan a la sociedad de su época fundando un “casino” exclusivamente femenino considerado la primera asociación feminista española.

Pero, ¿quiénes eran estas mujeres?:

Socias fundadoras Lyceum Club en su contexto

La primera junta estuvo formada por María de Maeztu, la directora de la Residencias de Señoritas de Madrid como presidenta. Victoria Kent e Isabel Oyarzábal como vicepresidentas. Amalia Galarraga como Tesorera, Zenobia Camprubí como secretaria y responsable de las relaciones internacionales y Hellen Phillips, directora del Instituto Internacional, como vicesecretaria. En esta primera sesión se registraron 115 socias y se aprobaron los estatutos del Lyceum Club de Londres que había sido fundado en 1904 por la escritora Constance Smedley, junto con la también escritora Violet Hunt.

Entre las socias fundadoras encontramos a Carmen Baroja, que se ocupó de la sección de arte. De la sección de literatura y de la biblioteca se ocuparon respectivamente María Lejárraga y María Martos, y de la de ciencias María Luisa Navarro. Socias fundadoras fueron también Rosario Lacy, primera mujer ginecóloga y cirujana en España, que durante una época ocupó la secretaría, la escritora y poeta Concha Méndez, la escritora y pianista Pilar de Zubiaurre, la  presidenta de la AMNE (Asociación Nacional de Mujeres Españolas) María Espinosa de los Monteros, Benita Asas, también de AMNE, maestra, fundadora del periódico Pensamiento Femenino en 1913,  que ya en 1908 había publicado un artículo con el título “Los hombres se asustan” donde denuncia el rechazo que sentían los hombres a que algún días las mujeres gozasen de los mismos derechos y en consecuencia sus privilegios por razón de sexo desaparecieran. Por supuesto, las abogadas Clara Campoamor y Matilde Huici, la estadounidense Mabel Rick, esposa de Ramón Pérez de Ayala, las poetas y escritoras Ernestina de Champourcín, y Mª Teresa León, la creadora del famoso personaje de Celia, Encarnación Aragoneses (Elena Fortún), la pintora Matilde Calvo Rodero y la escenógrafa Victorina Durán, la periodista, escritora y actriz Carmen Eva Nelken Mansberg (Magda Donato), la futura esposa de Manuel Azaña, Dolores Rivas Cherif, Josefina Blanco, actriz y esposa de Valle-Inclán, Pura Ucelay, María Rodrigo

Un año después de su constitución el número de socias casi se había quintuplicado, como ven la lista es muy amplia.

¡Bienvenida al club!

Según el Reglamento de 1929, había cuatro clases de socias: fundadoras, protectoras, de número y transeúntes. Las protectoras eran las socias que contribuían con una cuota inicial de un mínimo de 500 pesetas. Las socias pagaban una cuota inicial de 25 pesetas, lo que suponía una cuarta parte del salario medio y 5 pesetas mensuales, de modo que sí, el club estaba lleno de apellidos más o menos ilustres.

Para formar parte del club, las mujeres debían haber cumplido los diecinueve años o quince siempre que fueran parientes en primer o segundo grado de una socia. En cualquier caso, la propuesta para el ingreso de las nuevas socias debía hacerse por otras tres que llevaran un mínimo de un año en el club. Y la primera de las firmantes de la propuesta debía responder de la honorabilidad de la aspirante. No olvidemos que la presidenta era María de Maeztu, a quien las alumnas de la Residencia de Señoritas conocían con el apelativo de “María la brava” por su rigidez y estricto rechazo de la “conducta non sancta”, de ahí que es probable que algunas mujeres, a poco que hubieran tenido un pasado, declinaran su entrada en el club.

Sin embargo, había mujeres de todas las ideologías y credos, con estudios superiores, destacadas artistas, intelectuales y activistas sociales, casadas, solteras y de condición sexual diversa. Sí, muchas eran burguesas y aristócratas buscando refugio.

Cuenta José Antonio Marina que Carmen Martín Gaite quedó fascinada de niña por la palabra “Lyceum”, que leyó en, Celia, lo que dice, el popular libro de Elena Fortún. La madre de Celia salía a menudo de casa para tomar el té con sus “amigas del Lyceum”.

Desde nuestra visión actual, impregnada de polarización y edadismo, da gusto imaginar un espacio en el que personas de diferentes generaciones e ideologías convivan y debatan. En 1926 las fundadoras rondaban los cuarenta o cincuenta años: María de Maeztu (44), Isabel Oyarzábal (48), Victoria Kent (35), Zenobia Camprubí (42), Encarnación Aragoneses (40), María Lejárraga (52) … que compartían intereses y aficiones con mujeres de 22 años como María Zambrano, Teresa León (23) o Ernestina Champourcín (21), única mujer a la que Gerardo Diego introdujo en su antología Poesía española contemporánea (1915-1932). Las chicas jóvenes del Lyceum conocían las nuevas tendencias, leían periódicos y revistas vanguardistas como la Gaceta Literaria.

Además de las socias de origen europeo o norteamericano también pasaron por allí personalidades iberoamericanas como Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y la ilustradora Norah Borges, hermana del escritor.

Una tertulia en los salones del Lyceum Club
Estampa (Madrid. 1928). 5/06/1928

De modo que ya tenemos más datos: el club, siguiendo el modelo de los clubs masculinos privados, se financia por sus propios medios y no se trata de un salón de té para “maridas de” sino un laboratorio de ciudadanas cosmopolitas.

Caricatura de Victoria Kent entre otros y dibujos varios
Cusachs, José. Caricatura de Victoria Kent entre otros y dibujos varios


Lo primero que hicieron fue buscar un local y fondos

Una comisión se encargó de buscar un local y todas las socias en general de recaudar fondos para el club. En ese aspecto fue crucial la labor de El Mirlo Blanco, una compañía de teatro de cámara organizada en el salón de la casa de Ricardo Baroja y Carmen Monné, que contaba con Cipriano Rivas Cherif como director de escena, donde actuaban Valle Inclán y su mujer, la actriz Josefina Blanco y a la que asistían amigos como Azorín, Enrique de Mesa, Manuel Azaña, Corpus Barga, Enrique Díez-Canedo, etc.

La función de Carmen Baroja fue crucial a la hora de poner en relación a las protagonistas del Lyceum y estos otros personajes.

Salón de tertulias en el Lyceum Club
Nuevo mundo (Madrid). 14/01/1927


Actividades culturales

Meses después de constituirse la institución, el 4 de noviembre se inauguró la primera sede del Lyceum Club en la casa de las Siete Chimeneas de la calle de las Infantas de Madrid, actual sede el Ministerio de Cultura.

Así comentaba La Época el evento:

Nota informativa primer acto celebrado por Lyceum Club
La Época (Madrid. 1849). 17/11/1926

Decía Carmen Baroja que no había intelectual, médico o artista que no pasara por los salones del club. Ciertamente era el único lugar en Madrid donde tenían la oportunidad de medirse ante un público femenino crítico, más inclinado a la discusión y al cuestionamiento que a la simple escucha o al entretenimiento pasivo.

Por allí pasaron Unamuno y su Raquel encadenada, Azaña habló sobre el Quijote, Lorca sobre la imaginación y la inspiración en poesía, Marañón sobre el amor y la eugenesia. Muy conocida es la charla de Alberti titulada “Palomita y galápago: no más artríticos”, vestido de payaso y acompañado por una paloma, una tortuga y un galápago con intención de provocar tanto al público como a las socias.

En 1929, tres años después de la inauguración de los salones del club, la revista Nuevo mundo publicaba un reportaje en el que Isabel Oyarzábal resumía así la actividad cultural del club: “se han dado aquí más de cincuenta conferencias por figuras muy conocidas españolas y extranjeras. Entre los extranjeros que por aquí han pasado, están Marinetti, Lenormand, Enrique González Martínez, Benjamín Fernández Medina, la presidenta de la Asociación de Clubs de mujeres de Norteamérica, madame Plaminkowa… Ha habido fiestas de arte a cargo de Antonia Mercé, La Argentinita; Laura de Santelmo, Gloria Bayardo, Elena Magalhades de Castro… Y más de treinta conciertos…

El Lyceum Club femenino entra en el cuarto año de su vida
Nuevo mundo (Madrid). 15/11/1929


¿Y qué más hacían?

Puede que según sus estatutos estas mujeres no hablaran en el club de política ni de religión pero sí mucho de Derecho. No hacía tanto tiempo que se les había permitido cursar estudios superiores, algunas de ellas eran abogadas, de modo que se dedicaron a estudiar a fondo el Código Civil y el Código Penal y a partir de ahí empezaron a descubrir perlas como el art. 57 del Código Civil que rezaba así: El marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido. Lucharon, aun sin conseguirlo, por cambiar el texto para que quedara así: El marido y la mujer se deben protección y consideraciones mutuos. Tampoco les gustaba el art. 237 que las consideraba inhábiles para ser tutoras, al mismo nivel que los condenados por diferentes delitos y los vagos y maleantes, entre otros. 

También lucharon por la derogación del art. 438 del Código Penal y consiguieron su desaparición en 1932 aunque posteriormente fue recuperado durante el franquismo: “El marido que sorprendiendo en adulterio a su mujer matase en el acto a ésta o al adúltero, o les causara alguna de las lesiones graves, será castigado con la pena de destierro. Si les causara daños de segunda clase, quedará libre de pena”. Sin embargo, la muerte del marido se consideraba parricidio.

Y por supuesto, el sufragio femenino se debatió intensamente en el Lyceum, tan significativo en las Cortes de 1931, cuando Clara Campoamor consiguió el voto para las mujeres.

La Casa del Niño y el Comité del Libro para el Ciego

Otra de las iniciativas más importantes que se gestó en el Lyceum Club fue la fundación de la Casa del Niño en 1928. Esta institución pretendía proteger y educar a los niños en situación de vulnerabilidad, brindándoles una atención completa y facilitando la vida de las madres trabajadoras con largas jornadas encargándose del cuidado de sus hijos.

Victoria Kent lo resumía así: “Nuestro proyecto tiene una doble finalidad: amparar a los niños necesitados y educar a sus madres”.

Esta institución estuvo impulsada por Rosario Lacy y Consuelo Bastos, entre otras. En 1931 La Casa del Niño era ya toda una institución reconocida en Madrid. Se encontraba en el barrio de Cuatro Caminos y acogía a más de sesenta niños y niñas.

Cómo viven los niños en "La casa de los niños"
Estampa (Madrid. 1928). 21/01/1930


También fundaron el Comité del Libro para el Ciego que fomentaba la lectura y la educación para personas con discapacidad visual.

Comité del Libro para el Ciego
Crónica (Madrid. 1929). 6/07/1930

En definitiva, se trataba de verdaderas mujeres de alto valor, cuyo camino habían abierto figuras como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos o María Goyri, que consiguieron ocupar un lugar en el espacio público de los años de Plata de la cultura española y según algunas fuentes, la edad de Oro de la cultura de las españolas.

El modelo del Lyceum Club se llevó a ciudades como Barcelona, donde se fundó uno en 1931.

Fin de la historia del Lyceum Club Femenino

El Lyceum Club Femenino dejó de funcionar cuando empezó la guerra y cuando las tropas de Franco tomaron Madrid, los locales fueron incautados y se convirtieron en la sede del Círculo Medina, un lugar de reunión de la Sección Femenina de la Falange.

Este año se conmemoran los 100 años de su fundación y desde el Ministerio de Cultura se ha elaborado un amplio programa público de actividades que se articula en torno a tres ejes principales: la historia del Lyceum, las biografías de sus integrantes y una línea dedicada a la investigación colaborativa.

Desde la BNE, y en colaboración con el Museo Arqueológico Nacional (MAN), se está desarrollando un ciclo de conferencias coordinado por Laura Freixas con el título “Las parejas del Lyceum club.”

Bibliografía

AGUILERA SASTRE, JUAN (2011). Las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español. Brocar. Cuadernos de Investigación Histórica, (35), 65-90. https://publicaciones.unirioja.es/ojs/index.php/brocar/article/view/1595

BAROJA, CARMEN (1998). Recuerdos de una mujer de la generación del 98 (1a ed.). Tusquets.

MANGINI GONZÁLEZ, SHIRLEY (2001). Las modernas de Madrid las grandes intelectuales españolas de la vanguardia (1a ed.). Península.

MARINA, JOSÉ ANTONIO Y RODRÍGUEZ DE CASTRO, MARÍA TERESA (2009). La conspiración de las lectoras (1a ed.). Anagrama.

PÉREZ HERRERO, MARÍA (2020). Ni locas, ni tontas. Espasa

Contenidos relacionados
Entradas de blog
¿Dónde viven las estudiantes? Algunos apuntes sobre la Residencia de Señoritas

La incorporación de las mujeres a la educación y a la cultura en el siglo XX fue fundamental para la modernización de España

Comentarios

CAPTCHA