Por la noche

Page content

Por la noche

«Mi padrastro se había manejado bien con nosotros hasta entonces: entonces se desenmascaró. Estaba en su país y con su familia,  nosotros lo habíamos abandonado  todo. Su alma mezquina abusó de estas ventajas.

No molestaré a V. con detalles enojosos de nuestra situación doméstica; bástele saber que no hubo pesares y humillaciones, que yo no devorase en secreto. Mamá  era muy infeliz, y yo carecía de fuerzas para sufrir sus pesares, aunque  llevaba los míos con constancia. Manuel  tuvo pre­ cisión de marcharse  al extranjero; tan comprometido se vio por mi padrastro. ¡Oh! sería nunca acabar, si quisiera contar por menor las ridiculeces, tiranías y bajezas de aquel hombre, que yo debo y quiero respetar todavía como marido de mi madre. Dios lo sabe, y será algún día juez de ambos.

En  aquella situación  doméstica  tan desagradable  conocí a Ricafort y fui amada de él: también yo le amé desde el primer día, que le conocí. Pocos corazones existirán tan hermosos como el suyo; noble, sensible, desinteresado, lleno  de honor y delicadeza. Su  talento no correspondía a su corazón: era  muy inferior por desgracia mía. Conocí  pronto  esta desventaja: aunque  generoso Ricafort parecía humillado de la superioridad que me atribuía: sus ideas y sus inclinaciones  contrariaban siempre las mías. No gustaba de mi afición al estudio y era para él un delito que hiciese versos. Mis  ideas sobre  muchas cosas le daban  pena e inquietud. Temblaba  de la opinión  y decíame muchas veces: -¿Qué lograrás cuando consigas crédito literario y reputación de ingenio? Atraerte la envidia y suscitar calumnias y murmuraciones-. Tenía razón, pero me helaba aquella fría razón.

Aunque mostraba de mi corazón el concepto más elevado y ventajoso, no se me ocultaba que le desagradaba mi carácter, y me repetía que este carácter mío le haría y me haría a mí misma desgraciada. Yo me esforzaba en reprimirlo y sofocaba mis inclinaciones por darle gusto; pero esta continuada violencia me entristecía, y notándolo él se convencía de que no podría nunca hacerme dichosa. Sin embargo de todo esto, nos amábamos más cada día.

Mis pesares domésticos llegaron a afectarme tanto, que necesité des­ahogar mi pecho y se los comuniqué: ¡nunca olvidaré aquel momento!¡Yo vi sus ojos arrasados de lágrimas!»

Autores
Notas
Texto leído en el Día de las escritoras 2016
Contenidos relacionados
Autores
Gómez de Avellaneda, Gertrudis

Escritora nacida en Camagüey (Cuba), hija de padre sevillano, capitán de navío, y madre criolla, perteneciente a una adinerada familia.