La Expedición de la Vacuna de Balmis en la prensa de la época
En los periódicos conservados en la Biblioteca Nacional puede seguirse el legendario viaje para llevar a América y Filipinas la vacuna contra la viruela.
Diario de Madrid (4-6-1803)
El Diario de Madrid, el primer diario fundado en España en el siglo XVIII, incluía una sorprendente noticia en su edición del 4 de junio de 1803: un médico militar llamado Francisco Javier Balmis iba a vacunar gratis contra la viruela en su domicilio de la calle Montera. La epidemia se había comenzado a propagar por la Corte y pueblos del alrededor y este doctor se ofrecía a inocular a todo aquel que fuera a su casa los martes y miércoles de cada semana. La vacuna ya se aplicaba en Europa después de que el inglés Edward Jenner, su descubridor, hubiera comenzado a administrarla en Londres en 1798.
En julio del mismo año de 1803 podemos leer en el Mercurio de España otra noticia no menos sorprendente: este mismo médico alicantino, que había estado en México y había escrito un libro sobre las virtudes de dos plantas americanas para la curación de las enfermedades venéreas, iba ahora a llevar la vacuna contra la viruela a América y Filipinas corriendo el Rey Carlos IV con todos los gastos. El periódico lo contaba así:
Mercurio de España
El precioso descubrimiento de la vacuna, acreditado en España y casi en toda Europa como un preservativo eficaz de las viruelas naturales, ha excitado la paternal solicitud del Rey a propagarlo en sus dominios de Indias, donde suele ser mayor el número de víctimas que sacrifica esta horrorosa plaga. Con tal objeto se ha servido mandar S.M., después de oído el dictamen del Consejo y de algunos sabios, que se forme una expedición marítima, compuesta de facultativos hábiles y adictos a la empresa, dirigida por el Médico honorario de Cámara D. Francisco Xavier de Balmis.
La actual Operación Balmis, el despliegue militar del Ministerio de Defensa para luchar contra la propagación del Covid-19, lleva ese nombre en honor de este médico impulsor de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna a las posesiones del Imperio español, un viaje legendario que tuvo lugar entre los años 1803 y 1806.
La viruela, enfermedad desconocida en América y llevada allí en los barcos de los conquistadores españoles tras el Descubrimiento, contribuyó junto con otras epidemias a diezmar la población indígena y tuvo un papel decisivo en la conquista de México por Hernán Cortés. Hay por eso algo de reparación histórica en el hecho de que fueran también los españoles quienes llevaran el remedio de la enfermedad, aunque fuera tres siglos después.
Quedaban pocos años para la independencia de los territorios españoles en América cuando se organizó esta expedición que elogió con entusiasmo el propio descubridor de la vacuna, Edward Jenner. Los ingleses, dueños también un poderoso imperio ultramarino, tenían problemas para conservar sin secarse el fluido de la vacuna en las largas travesías marítimas, algo que Balmis resolvió con un método que hoy sería éticamente inaceptable y que entonces se consideró una hazaña científica y un logro humanitario por las vidas que logró salvar.
El método consistía en que niños huérfanos sanos sirvieran como cobayas e hicieran una cadena humana portadora del virus durante la travesía del Atlántico. El Mercurio de España informaba que la expedición debía llevar suficiente número de niños a quienes inocular sucesivamente en el curso de la navegación; y conservando por este y otros medios el fluido vacuno en toda su eficacia, hagan a su arribo las primeras operaciones de brazo a brazo, las que continuarán después en ambas Américas, y sí fuese dable en las islas Filipinas.
El 30 de noviembre de 1803 la expedición de la vacuna a bordo de la corbeta mercante María Pita salía del puerto de La Coruña. Una recreación de esa salida hecha años después fue realizada en una litografía de Francisco Pérez que conserva la BNE.
Caras y caretas (Buenos Aires). 9-4-1932, n.º 1_Página_078
En la embarcación iban más de 50 personas, entre tripulación, personal médico y los 22 niños huérfanos portadores, que eran inoculados de dos en dos cada semana para conservar fresco el fluido. La corbeta llevaba además 500 ejemplares de un libro sobre la vacuna de un autor francés traducido por el propio Balmis con el fin de distribuirlos entre las principales ciudades americanas.
Los niños eran 6 de Madrid, 5 de Santiago de Compostela y 11 de La Coruña, e iban al cuidado de la rectora del orfanato de esta última ciudad, Isabel Zendal, considerada por la Organización Mundial de la Salud la primera enfermera en misión internacional de la Historia. Uno de los niños, de 9 años, era hijo de la propia Isabel. Todos ellos fueron adoptados en México y se quedaron a vivir allí después de la vacunación masiva.
Del éxito de la expedición da fe la Gaceta de México, que en su número de 26 de febrero de 1806 da un ejemplo de ello e informa que desde que se empezó a administrar la vacuna en Zacatecas el 1 de diciembre de 1804 se habían ya inoculado en esta ciudad a 4.301 personas, la mayoría niños y jóvenes.
La expedición que había comenzado en las islas Canarias recorrió el Caribe y al llegar a Venezuela se dividió. El subdirector de la campaña, el cirujano militar Josep Salvany, continuó por Colombia, Ecuador Perú y Bolivia, donde murió en 1810 tras haber vacunado a decenas de miles de personas. Balmis llego a México y a territorios de Norteamérica que ahora pertenecen a EEUU y de aquí, con otros niños, se dirigió a Filipinas y a las colonias de Macao y Cantón en China para regresar luego a España. Su última etapa fue la isla británica de Santa Elena, donde algunos años después fue confinado y murió Napoleón.
El 15 de noviembre de 1806 el Mercurio de España daba la noticia del regreso de Balmis con un tono sobrio pero que no ocultaba la emoción de informar sobre un acontecimiento épico:
El domingo 7 de Setiembre próximo pasado tuvo la honra de besar la mano al Rey nuestro Señor el Dr. D. Francisco Xavier de Balmis, Cirujano honorario de su Real Cámara, que acaba de dar la vuelta al mundo con el único objeto de llevar a todos los dominios ultramarinos de la Monarquía Española, y a los de otras diversas Naciones, el inestimable don de la Vacuna. S.M. se ha informado con el más vivo interés de los principales sucesos de la expedición, mostrándose sumamente complacido de que las resultas hayan excedido las esperanzas que se concibieron al emprenderla.
En el relato que da el periódico de la expedición se puede ver la rivalidad existente con el Imperio británico, como cuando informa de la llegada a la isla de Santa Elena, donde se logró a fuerza de exhortaciones y de constancia que los ingleses adoptasen el prodigioso antídoto que hablan despreciado por espacio de más de 8 años, a pesar de ser un descubrimiento de su nación y habérselo remitido el mismo Jenner.
Y tras señalar el beneficio que la expedición ha diseminado por todo el mundo con la vacuna, el Mercurio de España acaba su relato con un inequívoco sentimiento triunfalista que el tiempo se ha encargado de confirmar que estaba justificado:
La multitud de observaciones que no tardarán en publicarse sobre el desarrollo de la Vacuna en diversos climas, y sobre su eficacia, no solo para preservar de las viruelas naturales, sino también para curar simultáneamente otras enfermedades, acabará de manifestar cuán importante ha sido para la humanidad una expedición de que no hay exemplo en la historia.
Muy interesante reseña. Gracias.