El Catálogo Colectivo de Publicaciones Periódicas: una llamada a la cooperación bibliotecaria
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En 2026 la Biblioteca Nacional de España ha dejado de dar soporte al Catálogo Colectivo de Publicaciones Periódicas (CCPP), que desde hace más de medio siglo ha estado a disposición de los usuarios interesados en estos materiales. A continuación, hacemos un repaso de su historia, las circunstancias que han llevado a su cese y las perspectivas de futuro que abren las nuevas tecnologías.
A finales de 1968, la Dirección General de Archivos y Bibliotecas decidió crear, a través de la Sección de Publicaciones Periódicas, Revistas y Series de la Biblioteca Nacional, un catálogo colectivo de publicaciones periódicas que permitiera saber en qué biblioteca española se encontraba cualquier revista científica, técnica o humanística. Pocos años después, en 1971, se asignó la responsabilidad de elaborar este catálogo al Instituto Bibliográfico Hispánico (Decreto 642/1970, de 26 de febrero), adscrito al mismo Ministerio de Educación y Ciencia.
Desde 1971 el personal encargado trabajó fuera de la Biblioteca Nacional, primero en la calle Vitrubio 4, y luego en la calle Atocha 106. En estos primeros años, su labor era puramente manual: buscaban en los fondos de bibliotecas y centros de investigación, con ayuda de los pocos repertorios de referencia disponibles, como el Catálogo del Padre Zamora, el Ulrich’s International Periodicals Directory o el British Union Catalogue of Periodicals, y recopilaban los datos de cada publicación en fichas de cartulina que mecanografiaban. A partir de estas, elaboraban catálogos temáticos impresos, como fueron: Derecho y Administración (1971), Medicina 1ª ed. (1971), Agricultura y Veterinaria (1973), Ciencias de la Educación (1974), Humanidades I. Ciencias Históricas (1976), Medicina 2ª ed. (1976) o Humanidades II. Lingüística y Literatura (1979).
Poco después, en 1983, los Ministerios de Cultura y de Educación y Ciencia pusieron en marcha un proyecto conjunto para elaborar un Catálogo Colectivo Nacional de Publicaciones Periódicas, una actualización del anterior. Para ello se creó una comisión interministerial que planificó la recogida de datos, su descripción bibliográfica normalizada, y la actualización de fondos en un catálogo que se informatizaría. Como resultado, en 1988 se publicó el “Catálogo Colectivo Nacional de Publicaciones Periódicas. Medicina”, una edición impresa que contenía 8.910 títulos y 43.958 localizaciones, y que pasaría a formar parte de la base de datos CMED.
Para entonces, el CCPP había vuelto a la casa, según el Real Decreto 565/1985, de 15 de abril, por el cual el Instituto Bibliográfico Hispánico se debía integrar en la Biblioteca Nacional. Este proceso fue especialmente complejo en relación con la informatización de los servicios de la Biblioteca, que en esa época estaba embarcada en la puesta en marcha de su sistema de gestión, ARIADNA, y no se pudo completar hasta 1996, cuando sus registros se pusieron a disposición del público a través de Internet.
En paralelo al desarrollo del CCPP, se llevó a cabo el del Directorio de Bibliotecas y Hemerotecas Españolas (DIBI), cuya misión era censar los centros bibliotecarios y de documentación españoles, y servir de referencia para identificar las instituciones relacionadas en el catálogo. Este directorio también tuvo dos ediciones impresas: la Guía de Bibliotecas Españolas (1977) y el Directorio de Bibliotecas Españolas (1988). En 1996 se publicó en CD-ROM con 8.678 centros registrados, y a finales de la década se podía consultar ya en la web de la Biblioteca Nacional.
En 2008 hubo una renovación tecnológica basada en la plataforma Java J2EE-Oracle, y el DIBI absorbió la base de datos de hemerotecas que mantenía la Sala de Prensa y Revistas. Dos años después, incorporó una aplicación de geolocalización mediante Google Maps y un formulario electrónico de alta y modificación, y alcanzó su momento de mayor actualización con 10.763 bibliotecas y centros registrados.
En cuanto al CCPP, no pudo contar con mejoras equivalentes a las del DIBI, ya que la migración de la BNE a su nuevo sistema de gestión UNICORN, que se completó en 2007, dejó al catálogo colectivo sin posibilidad de actualización durante más de tres años. En aquel momento contaba con 88.373 registros bibliográficos y 369.629 registros de fondos de alrededor de 1.000 bibliotecas. Ese año se habían incorporado, también, más de 3.000 registros de prensa histórica de la BNE, con el fin de que sirviera de apoyo a los proyectos de digitalización que se estaban llevando a cabo.
Desde 2010 se mantuvo este acceso al CCPP, pero los datos no volvieron a actualizarse, por lo que fueron perdiendo relevancia. El motivo fue que a los problemas técnicos mencionados se sumó un cambio en el contexto tecnológico, editorial y bibliotecario, que refleja la historia de la información bibliográfica en España y la revolución que ha vivido. Entre 1968, año en el que se inició el proyecto, y 2010 habían cambiado muchas cosas.
Por una parte, el modelo editorial de las publicaciones periódicas ha experimentado una transformación estructural: hoy muchas revistas académicas se distribuyen a través de grandes plataformas y consorcios, de manera que el concepto de “fondo”, entendido como los volúmenes físicos que conserva una institución, ha perdido vigencia como criterio de localización de la información. Cuando nació el CCPP una revista científica era un objeto físico que ingresaba en la biblioteca, se encuadernaba y se guardaba en depósito, y para localizar un ejemplar concreto el usuario necesitaba saber exactamente qué institución lo tenía.
Estamos ahora en un entorno marcado por el acceso abierto al conocimiento científico, un mundo de repositorios institucionales que lo ha reconfigurado, permitiendo a las instituciones depositar y difundir libremente su producción de artículos, preprints, tesis, etc. Gracias a estas plataformas, podemos acceder directamente al texto completo, sin que importe qué biblioteca física conserva un ejemplar impreso.
Las bibliotecas también han experimentado un cambio profundo con la automatización de sus catálogos y servicios. Desde los noventa, prácticamente todas han puesto a disposición de sus usuarios OPACs institucionales y sistemas de descubrimiento. La propia BNE ofrece hoy acceso en su catálogo a más de once millones de ejemplares de publicaciones periódicas. Resultado de este proceso fue el desarrollo de numerosos catálogos colectivos, bases de datos o repositorios de diversa naturaleza: nacionales, autonómicos, universitarios, especializados, etc. que, en buena medida, ofrecen un servicio concurrente con el del CCPP.
Al dejar el catálogo colectivo de ser el único escaparate para las colecciones de una institución, el incentivo para comunicar novedades a un catálogo centralizado se acabó diluyendo. El esfuerzo necesario para revertir el desfase de los datos del CCPP se volvió desproporcionado respecto a la utilidad, y la necesidad de redistribuir los recursos, en todas las instituciones, llevó a cesar definitivamente la actualización de sus contenidos.
También el DIBI, estrechamente vinculado al CCPP, dejó de ser actualizado con regularidad. Su lugar lo ocupó el Directorio de Bibliotecas Españolas, desarrollado por el Ministerio de Cultura, que es en la actualidad la base para elaborar las estadísticas bibliotecarias.
El DIBI todavía es accesible, ya que conserva un doble valor: histórico, puesto que recoge décadas de información sobre centros que no está registrada en ningún otro lugar, y práctico, como ayuda para enriquecer y completar los registros del DBE, en especial en lo que respecta a hemerotecas y bibliotecas especializadas de centros de investigación, que no siempre tienen una presencia consolidada en los censos de carácter general.
En este contexto, el mantenimiento de un catálogo como el CCPP requería un replanteamiento profundo. Las condiciones que dieron lugar a su nacimiento han cambiado drásticamente y su continuidad bajo esos principios no tenía ya apenas sentido. No significa esto que no haya espacio para un proyecto que, en el futuro, tenga un propósito similar, porque la idea que dio origen al CCPP no ha perdido relevancia, y la misión de ofrecer un acceso coordinado a las publicaciones periódicas disponibles en las bibliotecas españolas sigue siendo valiosa, especialmente para las colecciones históricas, especializadas o de publicaciones de acceso restringido que no llegan a los repositorios abiertos.
Desde la BNE, y desde los servicios en los que nuestros compañeros desarrollaron su labor durante décadas, nos toca animar a bibliotecas, universidades y organismos de investigación a sumarse a la conversación sobre cómo construir una nueva generación de herramientas de publicaciones periódicas. El CCPP demostró que era posible, y ahora nos queda probar que podemos estar a la altura, en un momento en que la tecnología está de nuestro lado y facilita la labor como nuestros predecesores no pudieron soñar.
Antes de mirar al futuro es justo que pensemos en ellos y nos detengamos en el pasado: durante décadas el CCPP y el DIBI fueron herramientas críticas para la investigación científica en España. En su momento de mayor actividad, se registraban cerca de 300 consultas mensuales, y sirvieron de base para proyectos de digitalización de prensa histórica. Su trabajo de descripción normalizada conforme a los estándares ISSN/ISDS contribuyó, además, a integrar la bibliografía española en los circuitos internacionales de información científica.
El esfuerzo humano que los sostuvo merece también ser recordado: decenas de profesionales que, con medios escasos, construyeron a lo largo de casi cuatro décadas un patrimonio de conocimiento bibliográfico que sigue siendo la base de nuestro trabajo. Personas que visitaron depósitos mal iluminados, que mecanografiaron miles de fichas, que subieron escaleras a oscuras con una linterna cuando el ascensor fallaba, que atendieron centenares de llamadas telefónicas bajando y subiendo plantas porque no había teléfono en la sección. Su dedicación, silenciosa y sostenida, es parte indisociable de la historia de las bibliotecas españolas. Que este texto sirva también como reconocimiento a su labor.
Este valioso trabajo queda ahora a disposición de todos a través de BNELab, mediante una herramienta de consulta visual para acceder a los datos históricos del catálogo colectivo. Esta permite localizar 87.436 de las publicaciones periódicas que se registraron en el CCPP hasta el año 2007, en 972 bibliotecas e instituciones colaboradoras. Los datos pueden no corresponderse con los que se encuentran en los catálogos de las mismas en la actualidad pero, en todo caso, constituyen una fuente de información relevante, especialmente para el fondo histórico.
Desde BNELab también es posible descargar los datos del CCPP en bruto, así como una versión simplificada y depurada, que contiene las publicaciones catalogadas, sus fondos y los datos completos de las instituciones que los conservaban.
El CCPP cumplió ampliamente los objetivos para los que fue diseñado. El mundo del acceso a la información ha cambiado enormemente en estos casi sesenta años, pero los principios que dieron lugar a su creación y desarrollo son los mismos que nos deben guiar en el presente. Identificar, conservar y dar acceso al patrimonio de forma relevante para la ciudadanía es igual de necesario hoy que entonces.
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