Documentando la restauración… pasado, presente y futuro
Bárbara Culubret Worms, y otros.
Boletín del Museo Arqueológico Nacional, ISSN 0212-5544, n. 36, 2017, p. 387-404
En este artículo se nos plantea un recorrido por la historia de la documentación en los museos. Desde las décadas de los años sesenta y setenta donde la práctica documental es prácticamente inexistente, hasta la nueva metodología de trabajo en la actualidad. En este recorrido se analizan las primeras referencias documentales en la década de los ochenta, el inicio de la documentación reglada en los años noventa, la introducción de las primeras bases de datos en el nuevo milenio y la llegada del sistema DOMUS.
Este viaje es clave para la última parte del estudio, donde se nos muestran las nuevas pautas de trabajo destinadas a paliar la ausencia de documentación en épocas anteriores. El corpus documental del Museo está formado por una gran diversidad de documentos, escritos, fotográficos, etc. Con un valor que no se puede despreciar, ya que permiten incrementar la información que se tiene de las piezas que conforman la colección de la institución. Históricamente la restauración ha sido una disciplina poco documentada; sin embargo, en la actualidad la formación académica de los nuevos restauradores presta gran importancia a la documentación. Toda esta falta de información, por una u otra razón, supone un problema cuando una pieza llega al laboratorio de restauración. La existencia de intervenciones anteriores no documentadas puede dar lugar a consecuencias que afectan directamente a la integridad de la misma. Actualmente ya se está tomando conciencia de todo esto, por lo que historiadores, arqueólogos, conservadores y restauradores tienen que aunar esfuerzos para crear y diseñar las bases de una documentación que pueda ser útil para todos. Uno de los objetivos más claros es conseguir que la restauración se considere una parte de la historia de una pieza y, como tal, se integre en su expediente. Es evidente la importancia que tiene la documentación de una pieza en relación con su protección y conservación. Cuanto más sabemos acerca de un objeto, más posibilidades tenemos de velar por él de la manera más correcta. Ser conscientes de la necesidad de conservar para el futuro y guardar la información constituye ya en sí un primer paso, por ello, la toma de conciencia de su importancia conlleva también un incremento en la carga de trabajo que redundará en un mayor y mejor conocimiento de los fondos arqueológicos.
Resumen realizado por José María Amate Sánchez