Es por ello por lo que demuestra, durante toda su vida, ser un hombre de amplia cultura, que domina y traduce varios idiomas, por un lado; y que escribe, por igual, de pintura, música, literatura o cine. Además, su interés por el séptimo arte va más allá de la escritura de artículos de crítica cinematográfica. En este sentido, participa en la fundación y es uno de los principales animadores del Cineclub sevillano, que está ligado al de La Gaceta Literaria. Igualmente, dibuja y practica ciclismo y fútbol.
En 1933, ingresa por oposición al Secretariado del Banco de España. Su primer destino es Talavera de la Reina (Toledo). Después, sin embargo, quiere volver a tierras andaluzas, y le dan plaza en Jaén, donde vive desde 1934 hasta su muerte el 8 de agosto de 1945, en el sanatorio de El Neveral, debido a una tuberculosis que empieza a manifestarse durante la guerra civil.
Obra
El literato compagina tal trabajo con el desarrollo de una obra literaria completísima. En primer lugar, hace falta destacar su posición como colaborador en algunas de las revistas culturales de la Edad de Plata más destacadas, tal y como son Litoral (1926-1929), Carmen (1927-1928), Meseta (1928-1929), Verso y Prosa (1927-1928) o la Revista de Occidente (1923-1936), entre otras.
Además, es uno de los fundadores de la revista Lys (1917-1939), de la que salen seis números en los que él es el redactor jefe. De igual forma, es el secretario de redacción de la revista Mediodía (1926-1933). Fue de esta el más asiduo colaborador, sobre todo con prosa ensayística de crítica cinematográfica, musical y literaria.
En cuanto a su obra prosística, es necesario señalar que comienza publicando tres novelas breves de quisco: Bress Rivero (1923), El manto escarlata (1923) y La primera de San Julián (1924). Después, publicará un libro de aforismos siguiendo el ejemplo de don Ramón [Gómez de la Serna] y sus greguerías. Se trata de Pirrón y Tafia (1926), obra que algunos críticos consideran “un glosario de la nueva estética”. Finalmente, tras anunciar en 1930 diez entregas en prosa de tintes vanguardistas dentro de “La novela del día”, acabará publicando tres: Primera y segunda parte de Olive Borden (1930), El manto escarlata (1930) y La isla alegre (1933).
Por su parte, cabe definir su primera poesía como levemente ultraísta. Más adelante, entre 1932 y 1939, escribe numerosos poemas surrealistas que nunca llega a publicar. Finalmente, busca una poesía estéril, íntima y delicada, de influencia juanramoniana. Verá publicados en 1936 sus Romances y canciones. Son 41 composiciones en las que se intenta conciliar tradición y vanguardia, poesía culta y neopopularista, clasicismo y modernidad, poesía pura e impulsos surrealistas. Sobresalen los motivos naturales y eróticos, el concepto de otredad y un andalucismo hondo y reconocible.
Finalmente, de forma póstuma, aparecerán un nuevo libro de poesía y dos obras de teatro. En cuanto a Poesías (1948), en este convergen una muestra de “Romances y canciones” y sus “Nuevas poesías”, nunca publicadas. Por otro lado, en 1997 se editan los dos textos teatrales que escribe en sus últimos años. Son El velo de Penélope o Lo que te vuelvo a decir. Farsa en cinco cuadros y una interrupción (1938), en donde se mezclan filosofía, humor e ironía; y Los amantes de Verona. Representación en tres actos (1939-1940), en la que Romeo y Julieta son dos personajes coetáneos a los espectadores.
En conjunto, la trayectoria vital e intelectual de Rafael Porlán dibuja la de un creador tan discreto como imprescindible dentro de la otra Generación del 27, dejando una estela nítida en la literatura, el tejido de revistas y cineclubs que animaron la vida cultural de la Edad de Plata. Políglota, atento a las artes y abierto a las nuevas estéticas, Porlán encarna el modelo de escritor moderno que vertebra un centro simbólico de irradiación cultural.
(Servicio de Información Bibliográfica)