Formación académica
Se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde entró en contacto con artistas como Ignacio Zuloaga y otros miembros de la Generación del 98. Durante su último año de formación comenzó a acudir asiduamente a las tertulias del Nuevo Café de Levante, en la calle del Arenal. Allí conoció a personalidades relevantes del panorama cultural del momento, como los hermanos Baroja, Rusiñol, Rubén Darío y Valle-Inclán.
Desde sus inicios, se sintió atraído por los temas marginales y populares de la cultura española: las fiestas, las procesiones religiosas, la tauromaquia, el carnaval, los prostíbulos, las tabernas y, en definitiva, la vida de las clases populares en los barrios bajos. Estos ambientes del Madrid más sórdido y marginal van a influir notablemente en sus obras en las que va a representar la realidad española con un enfoque lúgubre y grotesco.
En 1906 terminó sus estudios y, al contrario que muchos de sus contemporáneos, decidió quedarse en Madrid. Consideró que su obra debía basarse en su entorno y en el contacto con su realidad inmediata. Entre 1909 y 1917 realizó numerosos viajes a los más recónditos pueblos de España, siempre en vagones de tercera clase y hospedándose en posadas humildes. Durante estos viajes va a tomar numerosos bocetos y apuntes que serán determinantes en su estilo y en los temas que va a representar posteriormente en obras como El carnaval en la aldea o Procesión de noche.
Su obra pictórica toma como referentes a artistas como Goya y Brueghel, cuyas obras pudo conocer en el Museo del Prado y en la Academia de San Fernando. También algunos de sus contemporáneos van a influir en su estilo, especialmente su compañero Ignacio Zuloaga, al que recordará como el autor que verdaderamente le ayudó a descubrir la auténtica esencia de la España popular. En este sentido, algunas de las obras más relevantes de esta etapa son El entierro de la sardina, La guerra y Disciplinantes, en las que retrata la crudeza y la decadencia de España profunda.
En 1917 consiguió el primer éxito importante, al obtener la Tercera Medalla en la Exposición Nacional con la obra Procesión de los escapularios, donde muestra el lado más sombrío de la religiosidad popular.
Carrera como escritor
Además de su carrera como pintor, también fue un escritor prolífico, colaborando en varias revistas y publicando obras literarias que complementan su visión crítica de la España de su tiempo. En su faceta literaria, está influido por autores como Valle-Inclán o Pío Baroja.
Entre sus escritos más importantes destacan Madrid: escenas y costumbres (1913 y 1918), La España negra (1920), Madrid callejero (1923) y Dos pueblos de Castilla (1925). También escribió una novela, Florencio Cornejo, en 1926, en la que narra los últimos momentos de la vida de su tío, seguidos de la crónica de su velatorio y entierro.
Interés en el grabado
Trabajó también el grabado, en concreto las técnicas del aguafuerte y la litografía, con un estilo muy personal, caracterizado por trazos gruesos de aspecto tosco. Salvo alguna rara excepción, muchos de sus grabados derivan de las pinturas al óleo anteriores. Sin embargo, apenas estampó grabados en vida y únicamente realizó tiradas muy cortas. La primera tirada formal data del año de su muerte, 1945, pero la más difundida es la segunda, que se emitió de manera póstuma, en 1963, antes de la cancelación y depósito de las matrices originales en la Calcografía Nacional.
Sus grabados reflejan el imaginario habitual de Solana, inspirado en los bajos fondos, las clases populares y los ambientes marginales a los que alude también en su obra literaria.
Premios, exposiciones y reconocimientos
En la década de los años veinte participó en numerosas exposiciones y obtuvo varios reconocimientos que impulsarán su carrera tanto dentro como fuera de España. En 1921 participó en la Exhibición de Pintura Española de la Royal Academy de Londres, donde Singer Sargent adquirió su obra Carnaval en la aldea. Por otro lado, este mismo año, celebró su primera exposición individual en el Ateneo de Santander. En 1922 recibió la Primera Medalla en la Nacional con su obra Vuelta de la pesca y en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 consigue la Medalla de Oro por Las coristas.
A lo largo de 1930 expone en varias muestras internacionales como la Bienal de Venecia, la exposición de Arte Español Contemporáneo de París y en la nueva muestra organizada por el Carnegie Institute de Pittsburg.
En esta época muestra un renovado interés por los temas fúnebres y macabros, como se aprecia en obras como Procesión de la muerte, El osario y El fin del mundo, dominadas por esqueletos que evocan de nuevo a Brueghel. También pintará una serie de cuadros de temática más amable. Por un lado, una serie protagonizada por mujeres, con abundantes desnudos y, por otra parte, un conjunto de obras de temática taurina, como Las señoritas toreras, los retratos de El Lechuga y varias capeas.
Estallido de la Guerra Civil y últimos años
Al estallar la Guerra Civil abandonó Madrid y se instaló junto con otros artistas e intelectuales en el Ritz de Valencia, donde no dejará de trabajar, participando con quince óleos en el pabellón de la República de la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de París, junto a obras de Picasso y Miró, trasladándose a continuación con su hermano a dicha ciudad a comienzos de 1938.
Terminada la Guerra Civil regresó a Madrid y cosechó varios éxitos como la Medalla de Honor Extraordinaria en la Exposición Nacional de Barcelona y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en 1943.
Sus últimos años los pasa entre Santander y Madrid. En esas visitas a la ciudad cántabra pinta obras llenas de luz como Puerto Chico o Taberna de Santander.
En 1945 ingresó en un sanatorio debido a un ataque de uremia donde finalmente falleció el 24 de junio de ese mismo año.
A título póstumo fue galardonado con la Medalla de Honor de la Nacional de Bellas Artes por su obra Los ermitaños. Su hermano Manuel entregó al Estado, como homenaje a su memoria, su conocida pintura Procesión de la muerte, que actualmente se conserva en el Museo Reina Sofía.
A lo largo de su vida, Gutiérrez Solana reflejó en sus obras gráficas y escritas el aspecto más marginal, grotesco y trágico de la condición humana. Mantuvo una postura artística independiente, alejado de las modas del arte académico y comercial, lo que le valió el reconocimiento de intelectuales y artistas de su época, si bien su obra no fue plenamente comprendida por el gran público hasta después de su muerte.
(Departamento de Bellas Artes y Cartografía)