Resil B. Mojares
En 1880, José Rizal, entonces un estudiante de diecinueve años, obtuvo el primer premio en un concurso literario en Manila. La obra galardonada, un ensayo alegórico titulado El consejo de los dioses, describía una reunión en el monte Olimpo para determinar quién, de entre Homero, Virgilio y Cervantes, «ha cultivado mejor las letras y las virtudes». La decisión final era favorable a Cervantes, ya que en su obra primaban la reforma social y el imperio de la razón. Tomando prestada la voz de Minerva, Rizal alababa el Quijote por ser «la mano halagüeña que guía enérgica a las pasiones humanas », «el látigo que castiga y corrige sin que derrame sangre».