La mayoría de los códices del siglo XVII que se exhiben en esta exposición fueron entregados por Urbano VIII Barberini o producidos en los años de su largo pontificado (1623-1644). Su precisa identificación en el inventario de la Sacristía Sixtina de de 1714 revela el renovado -quizás nunca perdido- interés por el códice miniado en esta época, cuando todas las artes ligadas a la realización del libro manuscrito, desde la caligrafía hasta la miniatura o la encuadernación, alcanzaron cotas artísticas muy elevadas, equiparables al resto de las artes, y eran las expresión de un ambiente refinado como el de la corte pontificia.